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Nuestro método
El realismo de la imaginación

En este claim –somos latinos, sin embargo también nosotros cedemos a los anglicismos técnicos– hemos sintetizado esa manera de afrontar el trabajo y la realidad que nos gustaría garantizar siempre. Es el realismo de la imaginación del principito de Saint-Exupéry: el único que en el dibujo infantil del amigo aviador ve una boa que digiere un elefante y no un sombrero desmañado, como todos (Antoine de Saint-Exupéry, El principito).
La realidad posee una riqueza y una complejidad que solamente la capacidad de imaginar y de identificarse con ella permite penetrar y comprender, sobre todo en la condición y con las razones del otro con quien queremos comunicar. Lo saben bien los científicos y los poetas, lo saben aún mejor los niños. No obstante, la imaginación desanclada de la realidad es una quimera, una fantasía y una proyección de sí mismo.
Shakespeare advertía: “Ello es, Horacio, que en el cielo y en la tierra hay más de lo que puede soñar tu filosofía”. Por suerte.
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